CAPÍTULO XV
QUE CONTIENE ALGUNOS DETALLES VERDADERAMENTE INTERESANTES PARA LOS
HABITANTES DEL ESFEROIDE TERRESTRE.
Así, el Gobierno de Washington sabía ahora en qué paraje iban a operar Barbicane y Compañía. No se podía dudar de la autenticidad de este despacho. El cónsul de Zanzíbar era un agente muy seguro para que no debiesen ser aceptados sin reserva sus informes, que fueron luego confirmados por idénticos telegramas. Era, pues, en el centro de la región del Kilimanjaro, en el Wamasai africano, a unas cien leguas al Oeste del litoral, un poco por debajo de la línea ecuatorial, donde los ingenieros de la North Polar Practical Association estaban a punto de acabar sus gigantescos trabajos.
¿Cómo habían podido instalarse secretamente en aquella región perdida, al pie de la célebre montaña, que descubrieron en 1849 los doctores Rebviani y Krapf, y a la que subieron después los viajeros Otto Ehlers y Abbot? ¿Cómo habían podido establecer allí sus talleres y crear una fundición y reunir un personal suficiente? ¿Por qué medios habían llegado a ponerse en relación con las peligrosas tribus del país y sus soberanos, tan astutos como crueles? Esto es lo que no se sabía, ni acaso se sabría nunca, pues que no faltaban más que muy pocos días para la fecha fatal del 22 de setiembre.
Por eso, cuando J. T. Maston supo por la señora Evangelina Scorbitt que el misterio del Kilimanjaro acababa de ser descubierto por un despacho expedido en Zanzíbar:
– ¡Bah! –dijo trazando en el espacio un maravilloso zigzag con su gancho de hierro–. ¡Aún no se viaja ni por telégrafo, ni por teléfono, y dentro de seis días... bum...! ¡Negocio concluido...!
Y cualquiera que hubiera oído al secretario del Gun Club lanzar esta onomatopeya retumbante, que estalló como un disparo del Columbiad, habríase maravillado verdaderamente de lo que resta algunas veces de energía vital en estos viejos artilleros.
Evidentemente, J. T. Maston tenía razón. Faltaba el tiempo necesario para poder enviar agentes al Wamasai con la misión de prender al presidente Barbicane. Aun admitiendo que estos agentes, partiendo de Argelia o de Egipto, hasta de Aden, de Masaua, de Madagascar o de Zanzíbar, hubiesen podido trasladarse rápidamente a la costa, habría habido que contar con las dificultades inherentes al país, los retrasos ocasionados por los obstáculos de una marcha a través de aquella región montañosa, y también, acaso, la resistencia de un personal sostenido, sin duda, por la voluntad interesada de un sultán tan autoritario como negro.
Había, pues, que renunciar a toda esperanza de impedir la operación, prendiendo al operador.
Pero si esto era imposible, nada era más fácil ahora que deducir sus rigurosas consecuencias, pues que ya se conocía la situación exacta del lugar del tiro. Puro asunto de cálculo; cálculo demasiado complicado evidentemente, pero que no era superior a la capacidad de los algebristas en particular y de los matemáticos en general.
Como el despacho del cónsul de Zanzíbar había llegado dirigido directamente al ministro de Estado, en Washington, el Gobierno federal lo mantuvo secreto al principio. Quería poder indicar, al mismo tiempo que diese la noticia, cuáles serían los resultados del cambio del eje de la Tierra desde el punto de vista de la desnivelación de los mares. Los habitantes del globo sabrían, al mismo tiempo, la suerte que les estaba reservada, según el segmento del esferoide terrestre que ocuparan.
¡Y juzgúese si esperarían con impaciencia saber a qué atenerse sobre esta eventualidad!
El 14 de setiembre fue enviado el despacho a la Comisión de Longitudes de Washington, con encargo de que dedujesen las consecuencias finales desde el punto de vista balístico y geográfico. Al día siguiente estaba puesta en claro la situación. Inmediatamente, el dictamen de la Comisión de Longitudes fue comunicado por cable a las potencias del Nuevo y del Viejo Continente. Después de haber sido reproducido por millares de periódicos, fue pregonado en las grandes ciudades con los títulos de más efecto por los vendedores.
– ¿Qué va a suceder?
Esta era la pregunta dirigida en todos los idiomas y en todos los puntos del globo.
Y he aquí la respuesta, bajo la garantía de la Comisión de Longitudes:
AVISO URGENTE
«El experimento intentado por el presidente Barbicane y el capitán Nicholl es éste: producir un retroceso, el 22 de setiembre, a las doce da la noche del lugar, por medio de un cañón un millón de veces mayor que el de veintisiete centímetros, lanzando un proyectil de ciento ochenta mil toneladas, con una pólvora que da una velocidad inicial de dos mil ochocientos kilómetros.
»Si este disparo se realiza un poco por debajo de la línea equinoccial aproximadamente en el paralelo treinta y cuatro de longitud Este del meridiano de París, al pie de la cadena del Kilimanjaro, y si se hace apuntando al Sur, he aquí cuáles serán sus efectos mecánicos, en la superficie del esferoide terrestre:
«Instantáneamente, y a consecuencia del choque combinado con el movimiento diurno, se formará un nuevo eje, y como el antiguo cambiará de situación en 23° 28', según los resultados obtenidos por J. T. Maston, el nuevo eje vendrá a ser perpendicular al plano de la eclíptica.
«Ahora bien; ¿por qué puntos saldrá el nuevo eje? Esto es lo que era fácil calcular siendo conocido el lugar del disparo, y esto es lo que se ha hecho.
»Al Norte, la extremidad del nuevo eje quedará situada entre Groenlandia y la Tierra de Grinnell, en aquella misma parte del mar de Baffin que corta actualmente el círculo polar ártico. Al Sur ocurrirá esto en el límite del círculo antártico, algunos grados al Este de la Tierra Adelia.
»En estas condiciones, un nuevo meridiano cero, partiendo del nuevo Polo Norte, pasará sensiblemente por Dublín, en Irlanda; París, en Francia; Palermo, en Sicilia; Obeid, en el Darfur; la cadena del Kilimanjaro, Madagascar, la isla Kerguelen, en el Pacífico meridional, el nuevo Polo Antártico, los antípodas de París, las islas de Cook y de la Sociedad, en Oceanía, las islas Cuadra y Vancuver, en el litoral de la Columbia inglesa, los territorios de la Nueva Bretaña, a través del Norte de América, y la península de Melville, en las regiones circumpolares del Norte.
»A consecuencia de la creación del nuevo eje de rotación, saliendo por el mar de Baffin al Norte y por la Tierra Adelia al Sur, se formará un nuevo Ecuador, por encima del cual trazará el Sol, sin desviarse nunca, su curva diurna. Esta línea equinoccial atravesará el Kilimanjaro en el Wamasai, el océano índico, Goa y Chicacola, un poco más abajo de Calcuta, en la India; Mángala, en el reino de Siam; Kesto, en el Tonkín; Hong-Kong, en China; la isla Rasa, las islas Marshall, Gaspar-Rico y Walter, en el Pacífico; las Cordilleras en la República Argentina; Río Janeiro, en el Brasil; las islas de la Trinidad y de Santa Elena, en el Atlántico; San Pablo de Loanda, en el Congo, y, en fin, volverá a territorios del Wamasai por la vertiente opuesta del Kilimanjaro.
«Determinado así por la creación del nuevo eje este nuevo Ecuador, ha sido posible tratar la desnivelación de los mares, tan grave para la seguridad de los habitantes de la Tierra.
»Ante todo, conviene observar que los directores de la North Polar Practical Association han pensado en atenuar los efectos en la medida de lo posible. En efecto, si el disparo se hubiera hecho hacia el Norte, las consecuencias habrían sido desastrosas para las regiones más civilizadas del globo. Al contrario, disparando hacia el Sur, estas consecuencias no se harán sentir más que en las partes menos pobladas y más salvajes, al menos en lo que concierne a los territorios sumergidos.
»Véase ahora cómo se distribuirán las aguas lanzadas fuera de su lecho a consecuencia del aplanamiento del esferoide en los antiguos polos.
»El globo quedará dividido en dos grandes círculos, que se cortarán en ángulo recto en el Kilimanjaro y en sus antípodas en el océano Equinoccial. De aquí, formación de cuatro segmentos: dos en el hemisferio Norte, y dos en el hemisferio Sur, separados por líneas, en las cuales será nula la desnivelación.
»1.° Hemisferio septentrional:
»El primer segmento, al Oeste del Kilimanjaro, comprenderá el África desde el Congo hasta Egipto; Europa, desde Turquía hasta Groenlandia; América, desde la Columbia inglesa hasta Perú y Brasil a la altura de San Salvador; en fin, todo el océano Atlántico septentrional y la mayor parte del Atlántico equinoccial.
»El segundo segmento, al Este del Kilimanjaro, comprenderá la mayor parte de Europa, desde el mar Negro hasta Suecia, Rusia europea y Rusia asiática, Arabia, casi toda la India, Persia, Beluchistán, Afganistán, Turkestán, el Celeste Imperio, Mongolia, el Japón, Corea, el mar Negro, el mar Caspio, la parte superior del Pacífico, y los territorios de Alaska en Norteamérica y también el dominio polar tan desdichadamente concedido a la North Polar Practical Association.
»2.° Hemisferio Meridional.
»El tercer segmento, al Este del Kilimanjaro, contendrá Madagascar, las islas Comores, las islas Kerguelen, Mauricio, la Reunión, y todas las islas del mar de las Indias, el océano Antártico hasta el nuevo Polo, la península de Malaca, Java, Sumatra, Borneo, las islas de la Sonda, las Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, toda la parte meridional del Pacífico y sus numerosos archipiélagos, aproximadamente hacia el meridiano ciento sesenta actual.
»El cuarto segmento, al Oeste del Kilimanjaro, englobará la parte Sur del África, desde el Congo y el canal de Mozambique hasta el Cabo de Buena Esperanza; el océano Atlántico meridional hasta el paralelo ochenta; todo el Sur de América, desde Pernambuco y Lima; Bolivia, Brasil, Uruguay, la República Argentina, Patagonia, Tierra de Fuego, las islas Malvinas, Sandwich, Shetland y la parte del Sur del Pacífico, al Este del grado ciento sesenta de longitud.
»Tales serán los cuatro segmentos del globo, separados por líneas de desnivelación nula.
«Trátase ahora de indicar los efectos producidos en la superficie de estos cuatro segmentos a consecuencia del cambio de lugar de los mares.
»En cada uno de estos cuatro segmentos hay un punto central, donde se producirá el efecto máximo, sea que los mares se precipiten hacia él, sea que se retiren de él.
»Los cálculos de J. M. Maston establecen con exactitud absoluta que este máximum alcanzará 8.415 metros en cada uno de los puntos, a partir de los cuales irá disminuyendo la desnivelación hasta las líneas neutras que forman el límite de los segmentos. En estos sitios, pues, es donde serán más graves las consecuencias desde el punto de vista de la seguridad general, en razón de la operación intentada por el presidente Barbicane.
»Hay que considerar ambos efectos en cada una de sus consecuencias.
»De dos de los segmentos, situados en oposición el uno del otro, en el hemisferio Norte y en el hemisferio Sur, se retirarán los mares para invadir los otros dos segmentos, igualmente en oposición el uno del otro en cada hemisferio.
»En el primer segmento, el océano Atlántico se vaciaría casi por completo, y estando el punto máximo de descenso aproximadamente a la altura de las Bermudas, aparecerá el fondo, si la profundidad del mar es inferior en este paraje a 8.415 metros. Por consiguiente, entre América y Europa se descubrirán vastos territorios, que podrán anexionarse a prorrata, según su extensión geográfica, los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España y Portugal, si estas Potencias lo creen conveniente. Pero hay que observar que, por efecto del descenso de las aguas, la capa de aire bajará otro tanto. El litoral de Europa y de América quedará a una altura tal, que las ciudades situadas aun a veinte y treinta grados de los puntos máximos, no tendrán a su disposición más que la cantidad de aire que se encuentra actualmente a una altura de una legua de la atmósfera. Tales son, para no citar más que las principales: Nueva York, Filadelfia, Charleston, Panamá, Lisboa, Madrid, París, Londres, Edimburgo, Dublín, etc. Tan sólo El Cairo, Constantinopla, Dantzig, Estocolmo, de un lado, y las poblaciones del litoral Oeste americano del otro, conservarán su posición normal, con relación al general desnivel. En las Bermudas faltará el aire, como falta a los aeronautas que han podido elevarse a 8.000 metros de altitud, como falta en las cimas extremas de la cadena del Tíbet. Resultará absolutamente imposible, pues, vivir allí.
»EL mismo efecto se producirá en el segmento opuesto, que comprende el océano índico, Australia y un cuarto del océano Pacífico, el cual se volverá en parte sobre los parajes meridionales de Australia. Allí el máximum de desnivelación se hará sentir en las costas acantiladas de la Tierra de Nuyts, y las poblaciones de Adelaida y de Melbourne verán descender el nivel oceánico a cerca de ocho kilómetros por debajo de ellas. No se puede dudar que la capa de aire que las rodeará entonces será muy pura, pero no será lo bastante densa para servir a las necesidades de la respiración.
»Tal es, en general, la modificación que sufrirán las porciones del globo en los dos segmentos donde se efectuará la elevación con relación a los lechos de los mares más o menos vaciados. Allí aparecerán, sin duda, nuevas islas, formadas por las cimas de montañas submarinas, en las partes que la masa líquida no abandonará totalmente.
»Pero si la disminución del espesor de las capas de aire no deja de tener inconveniente para las partes de los continentes elevadas a las altas zonas de la atmósfera, ¿qué sucederá a aquellas que debe cubrir la irrupción de los mares? Todavía se puede respirar bajo una presión de aire inferior a la presión atmosférica; pero debajo de algunos metros de agua no se puede respirar; y ésta es la cuestión que se les va a presentar a los otros dos segmentos.
»En el segmento al Nordeste del Kilimanjaro, el punto máximo será transportado a Yakustk, en plena Siberia. Sumergida bajo 8.415 metros de agua
– menos su altitud actual– la capa líquida se extenderá, disminuyendo, hasta las neutras, anegando la mayor parte de la Rusia Asiática y de la India, China, Japón, la Alaska americana más allá de) estrecho de Behring. Acaso surgirán los montes Urales bajo la forma de islotes encima de la porción oriental de Europa. En cuanto a San Petersburgo y Moscú de un lado, Calcuta, Bangkok, Saigón, Pekín, Hong-Kong y Yedo de otro, desaparecerán bajo una capa de agua de espesor variable, pero muy suficiente para anegar a rusos, indios, siameses cochinchinos, chinos y japoneses, si no han tenido tiempo de emigrar antes de la catástrofe.
»En el segmento del Sudoeste del Kilimanjaro, los desastres serán menos considerables, porque este segmento está en gran parte recubierto por el Atlántico y el Pacífico, cuyo nivel se elevará a 8.415 metros en el archipiélago de las Malvinas. De todos modos, desaparecerán vastos territorios bajo este diluvio artificial; entre otros, el ángulo del África meridional, desde la Guinea inferior y el Kilimanjaro hasta el cabo de Buena Esperanza, y el triángulo de Sudamérica, formado por el Perú, el Brasil central, Chile y la República Argentina, hasta la Tierra de Fuego y el cabo de Hornos. Los patagones, por elevada que sea su estatura, no escaparán a la inmersión, y no tendrán ni siquiera el recurso de refugiarse sobre aquella parte de las cordilleras, cuyas altas cimas serán también cubiertas por las aguas de esta parte del globo.
»Tal debe ser el resultado –descenso por debajo y elevación por encima de la nueva superficie de los mares– producido por la desnivelación en la superficie del esferoide terrestre. ¡Tales son las eventualidades contra las cuales tienen que precaverse los interesados, si el presidente Barbicane no es detenido a tiempo en su criminal tentativa!»