Ante la bandera

Capítulo IX

Dentro

Al día siguiente, sin que nadie me haya impedido ir y venir, he podido llevar a cabo un primer reconocimiento a través de la vasta caverna de Back-Cup.

¡Qué noche he pasado, bajo el imperio de extrañas visiones, y con qué impaciencia esperaba el día!

Me habían conducido al fondo de una gruta, a un centenar de pasos de la orilla junto a la cual se había detenido el remolcador. A esta gruta, de unos tres metros por cuatro, que iluminaba una bombilla incandescente, se accedía por una puerta que se cerró detrás de mí.

No he de extrañarme de que la electricidad se emplee como agente luminoso en el interior de esta caverna, puesto que también lo es a bordo del remolcador submarino. Pero ¿dónde se fabrica?... ¿De dónde viene?... ¿Habrá instalada una fábrica en el interior de esta enorme cripta, con su maquinaria, sus dinamos, sus acumuladores?...

Mi celda está amueblada con una mesa sobre la que hay depositados alimentos, una litera con su ropa de cama, un sillón de mimbre, un armario que contiene ropa blanca y varias mudas de vestido. En el cajón de la mesa, papel, un tintero, plumas. En el rincón de la derecha, un lavabo provisto de sus utensilios. Todo muy limpio.

Pescado fresco, conservas de carne, pan de buena calidad, ale y whisky: he ahí el menú de esta primera comida. Apenas he comido, con la punta de los labios —a medio diente, como se dice—, de tan nervioso como me siento.

Sin embargo, tendré que sobreponerme, recobrar la calma de espíritu y de corazón, que la moral vuelva a imponerse. El secreto de este puñado de hombres, enterrados en las entrañas de este islote, quiero descubrirlo... lo descubriré...

Así pues, es bajo el caparazón de Back-Cup donde el conde d'Artigas ha venido a establecerse. Esta cavidad, cuya existencia nadie sospecha, le sirve de morada habitual, cuando la Ebba no lo pasea a lo largo del litoral del nuevo mundo y quizá hasta los parajes del antiguo. Ahí está el retiro desconocido que ha descubierto, y al que se accede por esta entrada submarina, esta puerta de agua, que se abre a unos cuatro o cinco metros bajo la superficie oceánica.

¿Por qué haberse apartado de los habitantes de la tierra?... ¿Qué se encontraría en el pasado de este personaje?... Si este nombre de Artigas, este título de conde, no son más que prestados, como imagino, ¿qué motivo ha tenido este hombre para ocultar su identidad?... ¿Es un desterrado, un proscrito, que ha preferido este lugar de exilio a cualquier otro?... ¿No tendré más bien que ver con un malhechor, deseoso de asegurar la impunidad de sus crímenes, la inutilidad de las persecuciones judiciales, escondiéndose en el fondo de esta substrucción indescubrible?... Tengo derecho a suponerlo todo, cuando se trata de este sospechoso extranjero, y lo supongo todo.

Entonces vuelve a mi mente esta pregunta a la que aún no puedo encontrar una respuesta satisfactoria. ¿Por qué ha sido raptado Thomas Roch de Healthful-House en las condiciones que se conocen?... ¿Espera el conde d'Artigas arrancarle el secreto de su Fulgurador, utilizarlo para defender Back-Cup, en caso de que el azar traicionara el lugar de su retiro?... Pero, si eso ocurriera, ¡bien se sabría reducir por hambre el islote de Back-Cup, al que el remolcador no bastaría para abastecer!... La goleta, por otra parte, ya no tendría ninguna posibilidad de franquear la línea de bloqueo, ¡y además sería señalada en todos los puertos!... Entonces, ¿de qué podría servir la invención de Thomas Roch en manos del conde d'Artigas?... ¡Decididamente, no lo comprendo!

Hacia las siete de la mañana, salto de la cama. Si estoy prisionero entre las paredes de esta caverna, al menos no lo estoy dentro de mi celda. Nada me impide abandonarla, y salgo de ella...

A treinta metros por delante se prolonga un entablamento rocoso, una especie de muelle, que se extiende a derecha e izquierda.

Varios marineros de la Ebba están ocupados en desembarcar los fardos, en vaciar la bodega del remolcador, que permanece a flor de agua a lo largo de un pequeño espigón de piedra.

Una media luz, a la que mis ojos se van acostumbrando gradualmente, ilumina la caverna, que está abierta en la parte central de su bóveda.

«Por ahí —me digo— era por donde escapaban esos vapores, o más bien ese humo, que nos señaló el islote a una distancia de tres o cuatro millas.»

Y, en ese mismo instante, toda esta serie de reflexiones me cruza la mente.

«Así que no es un volcán, como se ha creído, este Back-Cup, como yo mismo he creído... Los vapores, las llamas que se divisaron hace algunos años, no eran más que artificiales. Los rugidos que aterrorizaron a los pescadores bermudeños no tenían por causa una lucha de las fuerzas subterráneas... Estos diversos fenómenos eran ficticios... Se manifestaban por la sola voluntad del dueño de este islote, de quien quería alejar de él a los habitantes instalados en su litoral... Y lo ha conseguido, este conde d'Artigas... Ha seguido siendo el único dueño de Back-Cup... Con solo el ruido de esas detonaciones, con solo dirigir hacia este falso cráter el humo de esas algas y de los sargazos que las corrientes le traen, ha podido hacer creer en la existencia de un volcán, en su inesperado despertar, en la inminencia de una erupción que nunca se ha producido...»

Así deben de haber ocurrido las cosas, y, en efecto, desde la partida de los pescadores bermudeños, Back-Cup no ha dejado de mantener espesas volutas de humo en su cima.

Sin embargo, la claridad interna aumenta, el día penetra por el falso cráter, a medida que el sol sube sobre el horizonte. Me será, pues, posible evaluar de manera bastante precisa las dimensiones de esta caverna. He aquí, por lo demás, las cifras que he podido establecer más adelante.

Exteriormente, el islote de Back-Cup, de forma casi circular, mide mil doscientos metros de circunferencia y presenta una superficie interior de cincuenta mil metros, o cinco hectáreas. Sus paredes tienen, en su base, un espesor que varía entre treinta y cien metros.

De ello se sigue que, descontando el espesor de las paredes, esta excavación ocupa todo el macizo de Back-Cup que se eleva sobre el mar. En cuanto a la longitud del túnel submarino, que pone en comunicación el exterior y el interior, y por el que ha penetrado el remolcador, calculo que debe de ser de unos cuarenta metros.

Estas cifras aproximadas permiten hacerse una idea de la magnitud de esta caverna. Pero, por vasta que sea, recordaré que el Antiguo y el Nuevo Mundo poseen algunas cuyas dimensiones son más considerables y que han sido objeto de estudios espeleológicos muy exactos.

En efecto, en Carniola, en Northumberland, en Derbyshire, en el Piamonte, en Morea, en las Baleares, en Hungría, en California, se abren grutas de capacidad superior a la de Back-Cup. Tales también la de Han-sur-Lesse, en Bélgica; en los Estados Unidos, las de Mammoth, en Kentucky, que no comprenden menos de doscientas veintiséis cúpulas, siete ríos, ocho cataratas, treinta y dos pozos de profundidad ignorada, un mar interior de una extensión de cinco a seis leguas, cuyo límite extremo los exploradores todavía no han podido alcanzar.

Conozco estas grutas de Kentucky por haberlas visitado, como lo han hecho millares de turistas. La principal me servirá de término de comparación con Back-Cup. En Mammoth, como aquí, la bóveda está sostenida por pilares de formas y alturas diversas, que le dan el aspecto de una catedral gótica, con nave, contranaves, naves laterales, sin tener, por lo demás, nada de la regularidad arquitectónica de los edificios religiosos. La única diferencia es que, si el techo de las grutas de Kentucky se despliega a ciento treinta metros de altura, el de Back-Cup no pasa de una sesentena de metros en la parte de la bóveda que horada circularmente la abertura central —por la que escapaban los humos y las llamas.

Otra particularidad —muy importante— que conviene señalar es que la mayoría de las grutas cuyos nombres he citado son fácilmente accesibles y debían, por consiguiente, ser descubiertas tarde o temprano.

Ahora bien, no ocurre así con Back-Cup. Señalado en las cartas de estos parajes como un islote del grupo de las Bermudas, ¿cómo se habría podido sospechar que una enorme caverna se ahuecaba en el interior de su macizo? Para saberlo, había que penetrar en él, y, para penetrar en él, había que disponer de un aparato submarino, análogo al remolcador que poseía el conde d'Artigas.

Y, a mi juicio, es solo al azar a lo que este extraño yachtman deberá haber descubierto este túnel, que le ha permitido fundar esta inquietante colonia de Back-Cup.

Ahora, al entregarme al examen de la porción de mar contenida entre las paredes de esta caverna, compruebo que sus dimensiones son bastante reducidas. Apenas mide de trescientos a trescientos cincuenta metros de circunferencia. No es, a decir verdad, más que una laguna, enmarcada por rocas a pico, muy suficiente para las maniobras del remolcador, pues su profundidad, según he sabido, no es inferior a cuarenta metros.

Se sobrentiende que esta cripta, dada su situación y su estructura, pertenece a la categoría de las que se deben a la invasión de las aguas del mar. De origen a la vez neptúnico y plutónico, así se ven las grutas de Crozon y de Morgate en la bahía de Douarnenez, en Francia; la de Bonifacio, en el litoral de Córcega; la de Thorgatten, en la costa de Noruega, cuya altura no se calcula en menos de quinientos metros; así, en fin, los catavotros de Grecia, las grutas de Gibraltar en España, de Tourane en la Cochinchina. En suma, la naturaleza de su caparazón indica que son el producto de este doble trabajo geológico.

El islote de Back-Cup está formado en su mayor parte por rocas calcáreas. A partir de la orilla del lago, esas rocas ascienden hacia las paredes, en taludes de suave pendiente, dejando entre ellas alfombras arenosas de grano muy fino, adornadas aquí y allá por los ramilletes duros y apretados, de color amarillento, del hinojo marino. Luego, en gruesas capas, se extienden montones de algas y sargazos, unos muy secos, otros mojados, que exhalan todavía los acres olores marinos, pues la marea, después de haberlos empujado a través del túnel, acaba de arrojarlos a las orillas del lago. Por lo demás, ese no es el único combustible empleado para las múltiples necesidades de Back-Cup. Diviso un enorme depósito de hulla, que sin duda ha sido traído por el remolcador y la goleta. Pero, lo repito, es de la incineración de esas masas herbáceas, previamente desecadas, de donde procedían los humos que vomitaba el cráter del islote.

Continuando mi paseo, distingo en el lado septentrional del lago las viviendas de esa colonia de trogloditas —¿no merecen acaso ese nombre?—. Esta parte de la caverna, que se llama Bee-Hive, es decir «la Colmena», justifica plenamente esa calificación. En efecto, allí están excavadas por mano de hombre varias hileras de celdillas, en el macizo calcáreo de las paredes, en las que habitan esas avispas humanas.

Hacia el este, la disposición de la caverna es muy distinta. De ese lado se perfilan, se yerguen, se multiplican, se retuercen centenares de pilares naturales que sostienen el intradós de la bóveda. Un verdadero bosque de árboles de piedra, cuya superficie se extiende hasta los límites extremos de la caverna. A través de esos pilares se entrecruzan senderos sinuosos que permiten llegar hasta el fondo de Back-Cup.

Contando las celdillas de Bee-Hive, se puede calcular entre ochenta y cien el número de los compañeros del conde d'Artigas.

Precisamente, delante de una de esas celdas, aislada de las demás, se encuentra ese personaje con el que el capitán Spade y el ingeniero Serkö acaban de reunirse hace un instante. Tras cambiar algunas palabras, bajan los tres hacia la orilla y se detienen delante del embarcadero junto al cual flota el remolcador.

A esta hora, una docena de hombres, después de haber desembarcado las mercancías, las transportan en bote a la otra orilla, donde amplios reductos, excavados en el macizo lateral, forman los almacenes de Back-Cup.

En cuanto al orificio del túnel bajo las aguas del lago, no es visible. He observado, en efecto, que, para penetrar en él viniendo de mar abierto, el remolcador ha tenido que sumergirse unos metros por debajo de la superficie del agua. No ocurre, pues, con la gruta de Back-Cup lo mismo que con las grutas de Staffa o de Morgate, cuya entrada está siempre libre incluso en la época de las mareas altas. ¿Existe otro paso que comunique con el litoral, un pasadizo natural o artificial?... Me importa averiguarlo.

En realidad, el islote de Back-Cup merece su nombre. Es, en efecto, una enorme taza invertida. No solo tiene esa forma por fuera, sino que —lo que no se sabía— también reproduce esa forma por dentro.

He dicho que Bee-Hive ocupa la parte de la caverna que se redondea al norte del lago, es decir, a la izquierda al penetrar por el túnel. En el lado opuesto están instalados los almacenes, donde se guardan los aprovisionamientos de toda clase, fardos de mercancías, toneles de vino y de aguardiente, barriles de cerveza, cajas de conservas, bultos diversos marcados con etiquetas de distinta procedencia. Se diría que allí se han desembarcado las cargas de veinte navíos. Un poco más allá se alza una construcción bastante importante, rodeada de un muro de tablas, cuyo destino es fácil de reconocer. De un poste que la domina parten los gruesos hilos de cobre que alimentan con su corriente las potentes lámparas eléctricas suspendidas bajo la bóveda y las bombillas incandescentes que sirven a cada celdilla de la colmena. Hay incluso buen número de esos aparatos de alumbrado, instalados entre los pilares de la caverna, que permiten iluminarla hasta su extrema profundidad.

Ahora se plantea esta pregunta: ¿me dejarán ir libremente por el interior de Back-Cup?... Eso espero. ¿Por qué habría de pretender el conde d'Artigas coartar mi libertad, prohibirme circular por su misterioso dominio?... ¿No estoy encerrado entre las paredes de este islote?... ¿Es posible salir de él de otro modo que no sea por el túnel?... Ahora bien, ¿cómo franquear esa puerta de agua, que está siempre cerrada?...

Y además, por lo que a mí respecta, aun suponiendo que hubiera podido atravesar el túnel, ¿tardaría mucho en advertirse mi desaparición?... El remolcador llevaría a una docena de hombres al litoral, que sería registrado hasta en sus más secretos recovecos... Sería inevitablemente apresado de nuevo, devuelto a Bee-Hive y, esta vez, privado de la libertad de ir y venir...

Debo, pues, rechazar toda idea de fuga mientras no haya logrado poner de mi lado alguna posibilidad seria de éxito. Que se presente una circunstancia favorable, y no la dejaré escapar.

Recorriendo las hileras de celdillas, he podido observar a algunos de esos compañeros del conde d'Artigas que han aceptado esta monótona existencia en las profundidades de Back-Cup. Repito que su número puede evaluarse en un centenar, a juzgar por el de las celdas de Bee-Hive.

Cuando paso, esa gente no me presta la menor atención. Al examinarlos de cerca, me parece que se han reclutado de todas partes. Entre ellos no distingo ninguna comunidad de origen, ni siquiera ese vínculo que los haría norteamericanos, europeos o asiáticos. El color de su piel va del blanco al cobrizo y al negro —el negro de Australasia más que el de África—. En resumen, parecen pertenecer en su mayoría a las razas malayas, y ese tipo resulta muy reconocible en la mayoría de ellos. Añado que el conde d'Artigas procede sin duda de esa raza particular de las islas neerlandesas del Pacífico occidental, mientras que el ingeniero Serkö sería levantino, y el capitán Spade de origen italiano.

Pero, si esos habitantes de Back-Cup no están unidos por un vínculo de raza, sí lo están sin duda por el de los instintos y los apetitos. ¡Qué fisonomías tan inquietantes, qué rostros tan feroces, qué tipos tan profundamente salvajes! Son naturalezas violentas, se ve, que jamás han sabido refrenar sus pasiones ni retroceder ante ningún exceso. Y —se me ocurre esta idea— ¿por qué no habría de ser a raíz de una larga serie de crímenes, robos, incendios, asesinatos, atentados de toda clase cometidos en común, como habrían concebido el propósito de refugiarse en el fondo de esta caverna, donde pueden creerse seguros de una absoluta impunidad?... El conde d'Artigas no sería entonces sino el jefe de una banda de malhechores, con sus dos lugartenientes Spade y Serkö, y Back-Cup una guarida de piratas...

Tal es la idea que decididamente se ha grabado en mi cerebro. Mucho me sorprendería que el futuro demostrase que me he equivocado. Por lo demás, lo que observo en el transcurso de esta primera exploración no hace sino confirmar mi opinión, y autorizar las hipótesis más sospechosas.

En todo caso, sean quienes sean y sean cuales sean las circunstancias que los han reunido en este lugar, los compañeros del conde d'Artigas me parecen haber aceptado sin reservas su dominio omnímodo. En cambio, si una severa disciplina los mantiene bajo su mano de hierro, es probable que ciertas ventajas compensen esa especie de servidumbre a la que han consentido... ¿Cuáles?...

Después de bordear la parte de la orilla bajo la cual desemboca el túnel, llego a la orilla opuesta del lago. Tal como ya he comprobado, en esa orilla se halla instalado el almacén de las mercancías traídas por la goleta Ebba en cada uno de sus viajes. Vastas excavaciones, practicadas en las paredes, pueden contener, y contienen, un número considerable de fardos.

Más allá se encuentra la fábrica de energía eléctrica. Al pasar frente a las ventanas, diviso ciertos aparatos, de invención reciente, poco voluminosos y muy perfeccionados.

Nada de esas máquinas de vapor que requieren el empleo de la hulla y exigen un mecanismo complicado. Tal como lo había supuesto, son pilas de una extraordinaria potencia las que suministran la corriente a las lámparas de la caverna, así como a las dinamos del remolcador. Sin duda, también, esa corriente sirve para los diversos usos domésticos, para la calefacción de Bee-Hive, para la cocción de los alimentos. Lo que compruebo es que se aplica, en una cavidad vecina, a los alambiques que sirven para la producción de agua dulce. Los colonos de Back-Cup no están reducidos a recoger para su bebida las lluvias que caen abundantemente sobre el litoral del islote. A pocos pasos de la fábrica de energía eléctrica se redondea una amplia cisterna que puedo comparar, guardadas las proporciones, con las que había visitado en las Bermudas. Allí se trataba de atender las necesidades de una población de diez mil habitantes... aquí, de un centenar de...

Todavía no sé cómo calificarlos. Que su jefe y ellos hayan tenido serias razones para habitar en las entrañas de este islote es evidente, pero ¿cuáles son?... Cuando unos religiosos se encierran entre los muros de su convento con la intención de separarse del resto de los humanos, eso se explica. A decir verdad, ¡no tienen aspecto ni de benedictinos ni de cartujos, los súbditos del conde d'Artigas!

Prosiguiendo mi paseo por el bosque de pilares, he llegado hasta el límite extremo de la caverna. Nadie me ha molestado, nadie me ha hablado, nadie ha parecido siquiera preocuparse de mi persona. Esta parte de Back-Cup es sumamente curiosa, comparable a lo más maravilloso que ofrecen las grutas de Kentucky o de las Baleares. Ni que decir tiene que en ninguna parte se advierte la mano del hombre. Solo aparece el trabajo de la naturaleza, y no es sin cierto asombro, mezclado de espanto, como se piensa en esas fuerzas telúricas capaces de engendrar construcciones tan prodigiosas. La parte situada más allá del lago recibe muy oblicuamente los rayos luminosos del cráter central. Por la noche, iluminada con lámparas eléctricas, debe de adquirir un aspecto fantástico. En ningún sitio, pese a mis búsquedas, he encontrado una salida que comunique con el exterior.

Cabe señalar que el islote da asilo a numerosas parejas de aves, gaviones, gaviotas, golondrinas de mar —huéspedes habituales de las playas bermudeñas—. Aquí, según parece, jamás se les ha dado caza, se las deja multiplicarse a su antojo, y no se asustan de la cercanía del hombre.

Por lo demás, Back-Cup posee también otros animales además de esas aves de naturaleza marina. Del lado de Bee-Hive se han dispuesto corrales destinados a las vacas, los cerdos, las ovejas, las aves de corral. La alimentación está, pues, tan asegurada como variada, gracias también a los productos de la pesca, ya sea entre los arrecifes de fuera, ya sea en las aguas del lago, donde abundan peces de especies muy variadas.

En resumen, para convencerse de que a los huéspedes de Back-Cup no les falta ningún recurso, basta con mirarlos. Son todos hombres vigorosos, robustos tipos de marinos curtidos y recurtidos bajo el sol de las latitudes cálidas, de sangre rica y sobreoxigenada por las brisas del Océano. No hay ni niños ni ancianos —solo hombres cuya edad está comprendida entre treinta y cincuenta años.

Pero ¿por qué han aceptado someterse a este género de existencia?... ¿Y es que, además, no abandonan nunca este retiro de Back-Cup?...

Quizá no tarde en saberlo.

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