Diez horas de caza

XII

No me gustan los cazadores, lo he dicho desde el principio, sobre todo porque cuentan sus aventuras. Es así que acabo yo de contarles las mías; imploro pues, su perdón, amables lectores. No lo volveré a hacer.

Esta expedición será la primera y la última, pero conservaré siempre su recuerdo. Por esta razón, siempre que veo un cazador seguido de su perro y la escopeta al brazo, no me olvido nunca de desearle buena caza; dicen que esa frase es de mal agüero.

Ha llegado al final de la obra. ¿La ha leído?

¿Qué le ha parecido esta obra?

¡Dé también su valoración!

Telegrama

Oficina de origen: la Web · Destino: a bordo del Nautilus

0 palabras · tarifa: 0 kreuzers (los puntos se convierten en STOP)